En Salamanca, la ciudad que desde mañana acoge el sexto Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo, esa palabra, terrorismo, está unida en el imaginario colectivo al nombre de un capitán: Juan José Aliste. Una bomba lapa colocada por ETA se llevó por delante la mañana del 11 de noviembre de 1995 sus piernas pero le dejó su mejor arma, la sonrisa y la capacidad de convertirse en todo un ejemplo de entereza y dignidad. Por eso, será una de las cinco personas que lea el manifiesto de apoyo a las víctimas en la concentración que tendrá lugar el viernes en la Plaza Mayor de Salamanca.
-¿Se acuerda mucho del día del atentado?
-Basta con mirar hacia abajo, buscarme las piernas. Pero no. La verdad es que yo tuve la 'suerte' de pensar desde el primer momento que lo que a mí me había pasado era un accidente de tráfico. En esos instantes tan confusos pensé que seguramente había fallado el coche, que había habido un problema con el motor o algo así y que por eso estaba donde estaba. Creo que, a pesar de todo, eso me ayudó primero a encarar aquellos momentos tan duros y después, la vida de una forma mejor.
-¿Qué siente cuando pasa por el lugar en el que estalló la bomba?
--Tampoco nada especial. Salamanca es una ciudad pequeña y la Avenida de San Agustín es un lugar de paso. Yo he pasado muy frecuentemente por ella y nunca me lo he planteado como un reto especial. Recuerdo que durante algún tiempo en la carretera seguía el bache provocado por la bomba que me pusieron y también lo veía con normalidad. Pensaba, mira ahí sigue el hueco que dejó la bomba que me pusieron'. Luego, un día lo arreglaron y ya está. Paso por ahí como por cualquier otro sitio.
-¿Siente que ETA truncó su vida?
-Es evidente que la cambió. La cambió mucho. Pero no quiero pensar mucho en ello. Después de eso había un único camino a seguir y había que salir adelante, con el apoyo de la familia y el cariño de mucha gente. Es lo que trato de hacer.
-¿Perdonaría a los terroristas?
-Me lo han preguntado mil veces. ¿Para qué voy a pensar en eso? Sé que nunca me van a pedir perdón. Si los tuviera un día cara a cara les diría que qué fácil les resultó hacerme lo que me hicieron, bastó con ponerme una bomba lapa a mi coche y explotarla. Pero no me rompo la cabeza con eso, creo que son pensamientos que no servirían de nada, procuro seguir hacia adelante con mi vida.
-Se espera que Salamanca se vuelque con los actos del Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo. ¿Qué le parece la celebración en esta ciudad?
- Aunque sea un tema como éste, este tipo de actos siempre son buenos para tu ciudad. También es cierto que Salamanca es una provincia especialmente golpeada por este problema, en total hay unas 60 familias golpeadas directamente por el terrorismo, luego es un lugar donde hay un sentimiento especial.
-¿Para qué sirve a las víctimas un congreso de este tipo?
-Hay quien piensa que mal de muchos&hellip (sonríe). Pero yo creo que este congreso es importante para que las víctimas intercambien impresiones, vean cómo están en unas partes del mundo y cómo en otras, hablen de sus problemas y sobre todo se ayuden a mirar al futuro y a salir adelante. Es una terapia fundamental, una manera de compartir y de impedir el olvido.
-¿Siente que la sociedad le ha brindado a las víctimas el reconocimiento que merecen?
-En Salamanca, en Castilla y León, no nos podemos quejar. La gente nos para por la calle y nos da cariño, nos anima. El problema es en otros sitios, como cuando las viudas tenían que sacar los cadáveres escondidos de noche. Por fortuna también en el País Vasco las cosas han empezado a cambiar y cada vez más gente se da cuenta de que el terrorismo no conduce a nada. Es un callejón sin salida.
-¿Ha sido importante el cambio político en el País Vasco?
-Ha sido esencial para terminar de cambiar la sensibilidad hacia el terrorismo, al menos la oficial, que después de tantos años de democracia hubiera un gobierno no nacionalista. Hay que marcar claramente la línea entre víctimas y terroristas. Para muchas víctimas ese cambio ha sido una gran noticia.
-Usted será una de las cinco personas que lea el manifiesto de apoyo a las víctimas. ¿Se ha convertido en un referente?
-No es una cosa que busque ni en la que piense. Siempre he tratado de vivir mi vida con dignidad, como dice el lema de nuestra asociación y no sé si eso me habrá hecho un referente para alguien. Sí es cierto que notas que la gente se te acerca con cariño y eso es importante, pero lo fundamental es trabajar entre todos para que se acabe por fin el terrorismo.