Generosidad, espíritu de lucha, técnica y compañerismo. Con estos adjetivos se puede calificar la fantástica actuación en general de la selección española en el Mundial de aeromodelismo y de los cuatro miembros de Aerosafa en particular, además de la perfecta organización del club vallisoletano para coordinar una competición de una semana por la que han desfilado más de mil personas, entre competidores, técnicos y representantes de las selecciones de 35 países.
Todo un éxito que se vio refrendado con las tres medallas conseguidas. Una de oro por parte de Luis Parramón en la modalidad de velocidad y dos de bronce por equipos en las modalidades de carreras y combate. Precisamente en esta última, dos vallisoletanos, Frías y Picado, tuvieron una especial relevancia.
Juan Carlos Frías se confirmó como el mejor piloto de combate del panorama español con un quinto puesto que hasta supo a poco, después del extraordinario torneo que realizó y del que solo la mayor fortuna de su rival Trifonov, finalmente campeón del mundo, le privó de una medalla y la opción incluso de alzarse con el título. Ha demostrado que con el paso del tiempo ha ido cogiendo carácter de campeón y ha sido capaz de reponerse a los problemas que han ido surgiendo en el campeonato y no desconcentrarse de los combates.
César Picado, con solo 20 años, ha tenido una buena actuación pues logró llegar hasta la cuarta ronda. Sus combates han sido de todo menos aburridos y solo el gran Faizov le pudo apartar de la prueba. Vuela bien y es también muy buen mecánico. Dio una lección de compromiso y tras ser eliminado como piloto se dedicó por entero a sus compañeros y junto con Javier Mendoza ha sido el baluarte para que los modelos suplentes estuvieran siempre preparados.
Más joven aún, con 19 años, Javier Holguera ha podido volar con los grandes especialistas de la acrobacia mundial. Su labor era la de aprender y fijarse en los pilotos más expertos y conocer los secretos de la mejor finalización de las figuras.
Javier Mendoza, pese a su lesión, quiso arropar a sus compañeros como mecánico y fue decisivo en las dos medallas de bronce conseguidas por la selección española.