Los jóvenes españoles se han instalado en una especie de adolescencia eterna y, en esta bruma, han construido su estado vital. Las dificultades que les pone la vida para emanciparse han provocado que «prolonguen la adolescencia en el tiempo». El diagnóstico es de Javier Elzo, catedrático de Sociología y uno de los coautores del informe 'Jóvenes Españoles 2005' presentado esta martes en sociedad y patrocinado por la Fundación Santa María, especialista ya en elaborar desde 1984 estudios sociológicos que configuran el perfil de la juventud española.
Este sexto trabajo evidencia que «llueve sobre mojado». «El panorama no es excesivamente halagüeño», admitió Elzo. Y es que, paños calientes al margen, se percibe con mayor nitidez, según avanzan los años, que la juventud española es más inmadura e irresponsable. Eso sí, amerita en su favor una cierta sabiduría -listeza, dirían otros- para adaptarse con lucidez a una sociedad cambiante y en constante transformación que no les pone las cosas fáciles.
El panorama, en algunos de sus enfoques, no es desalentador porque lo digan los expertos que han participado en el estudio. Lo admiten los propios jóvenes -han sido consultados 4.000 con edades entre los 15 y los 24 años-, que han realizado el más «triste autodiagnóstico» de todos los informes realizados hasta ahora. La baja autoestima que exhalan es patente y muy preocupante, a tenor de los autores del estudio. «Los jóvenes se atribuyen en notorio mayor grado los rasgos negativos que los positivos. Probablemente estemos ante una de las notas más negativas de la juventud española a tenor de los datos obtenidos», indican.
Estamos ante una juventud que se valora poco y que tiene muy baja imagen de sí misma. Son ellos mismos los que se presentan como consumistas, egoístas, preocupados solo por el presente y con poco sentido del deber y del sacrificio. Como rasgos que menos les caracterizan, también se autoinculpan. Son escasamente maduros, generosos, trabajadores, solidarios y leales en la amistad. Paradójicamente, en otras vertientes del estudio se dicen libres y felices, pero Elzo cree que «se autoengañan». «Ni están libres ni son tan felices como dicen; en el fondo están atados a la familia de origen por las dificultades que tienen para emanciparse».
Lo que quieren los jóvenes de hoy en día es vivir al día. «Y punto», remacha Elzo. No son revolucionarios, son reformistas: se adaptan a las circunstancias. Se refugian en lo privado -la familia, los amigos y la salud-, el ocio es su forma de escapatoria, se alejan de la política y de la religión, las instituciones se las traen cada vez más al pairo y se sienten cada vez más localistas. También más tolerantes y permisivos con las virtudes privadas y más exigentes con las públicas.
Pareja e hijos
Según el estudio, los jóvenes se identifican casi de forma mayoritaria con su ámbito geográfico más próximo. La localidad en la que viven, en primer lugar, y en segundo de la comunidad autónoma en la que residen y de España. Uno de cada cuatro se siente más identificado con su comunidad autónoma que con España. La lista la encabezan los jóvenes de Canarias con un 62,5%, seguido por el País Vasco (60,3%), Asturias (52%), Galicia (42,1%) y Navarra (32%). En el lado opuesto se sitúan los jóvenes que se identifican más con España que con su comunidad, destacando Castilla y León (66,1%), Castilla-La Mancha (49%) y Aragón (48%). El sentimiento de pertenencia a Europa se mantiene ligeramente al alza. Para el joven español tipo, los problemas sociales más importantes son el terrorismo, la droga, el paro, la vivienda y la violencia doméstica, por este orden. Los menos mentados son violencia de alguna gente joven, la corrupción política, los problemas de contaminación y medio ambiente, la pobreza o la marginación. Lo próximo es lo que importa, en detrimento de cuestiones generales.
Valoran cada vez menos los movimientos sociales comprometidos y están muy poco implicados con los problemas de su sociedad. Aumenta considerablemente el apoyo de la juventud a los grupos ecologistas y los de defensa de los derechos humanos, los movimientos pacifistas, y los de gays y lesbianas, en detrimento de los movimientos provida, los feministas, nacionalistas y de apoyo y acogida de inmigrantes. No identifican a la inmigración como uno de los problemas más importantes de la sociedad. Un 67% está de acuerdo con la entrada de éstos, siempre y cuando tengan un contrato de trabajo. Cuatro de cada cinco mantienen que es el inmigrante el que debe adoptarse a la sociedad receptora.
Respecto al deterioro del medio ambiente, es evidente la progresiva despreocupación juvenil. En 1999 era considerado un problema importante para un 21%. En el 2005 la cifra cae al 13%. Por otra parte, la familia se diversifica y es más compleja en cuanto a las formas de unión, pero los jóvenes valoran sobremanera esta institución. Eso sí, predomina la concepción tradicional del hogar constituido por un padre, una madre y un hijo. Formar una familia es uno de sus proyectos vitales, pero entienden que, para que sea tal, se deben tener hijos. Valoran el matrimonio, pero lo retardan; valoran tener hijos, pero los reducen y los tienen más mayores; tienden a ser más fieles a la pareja a pesar de aumentar separaciones y divorcios.
Cine y televisión
La 'descristianización' y el alejamiento de la Iglesia sigue avanzando. Hace diez años los jóvenes que se consideraban católicos eran el 77%. Hoy, por primera vez en la historia, no llegan al 50%, un descenso de más de 25 puntos. Se debe a la creciente secularización de la sociedad, los cambios políticos en una dirección claramente laicista y la desconfianza que suscita la Iglesia entre los jóvenes. Solo un 10% se declara católico comprometido.
Los aspectos importantes los ocupan la familia, la salud, los amigos y conocidos, el tiempo libre y el ocio. El ocio y el tiempo libre es sagrado. Para un 92% es elemento centro en su organización, funcionamiento y nivel de vida. Los gustos y aficiones fundamentales, por este orden, son la música, la televisión e ir al cine, salir a bares y escuchar la radio. Respecto a 1999, desciende la lectura de libros, la práctica deportiva y la asistencia a museos.