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Un 'e-mail' desde Eritrea
Fuente de la Fama publica 'Envíos', los correos de un comandante español en misión humanitaria
Un 'e-mail' desde Eritrea
Juan Bustamante, en su despacho de Madrid. / FOTOPRENSA
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«Una de las grandísimas cosas que tienen estas misiones es lo fuertemente que te unes a mucha gente en periodos meteóricos. Antes de ayer estuve en Asmara para despedir a Ignacio (El que compraba cabras y tejados de zinc). He estado con él apenas 15 días, y ya parecía que se me estaba yendo mi amigo del alma. Compartir situaciones tan atípicas, tener tiempo, no tener prisa, son estupendo caldo de cultivo de amistades llamativamente intensas».

Durante los seis meses que Juan Bustamante (Valladolid, 1964) formó parte de la misión de la ONU en Eritrea, sus amigos, conocidos y familiares fueron recibiendo 'e-mails' como el envío 7 al que pertenece este fragmento. Cartas electrónicas no demasiado largas con sus impresiones. Una especie de diario por el que pasaban paisajes y paisanajes filtrados por la mirada de este comandante del Alto Estado Mayor de la Defensa que se enganchó a una misión encargada de proponer y hacer el seguimiento de proyectos de desarrollo.

Así se fue conformando 'Envíos' y acabo convirtiéndose en el libro que esta tarde se presenta en la Casa Revilla de Valladolid. 'Envíos' se ha incorporado al sello Fuente de la Fama, que dirige Julio Martínez, quien conoció los 'e-mails' cuando la misión de su autor estaba en el ecuador. «Él nunca pensó que terminaran siendo un libro, pero yo sí».

Corresponsal

Efectivamente, a Juan Bustamante nunca se le había pasado por la cabeza escribir un libro ni tiene la menor intención de escribir otro, después de esta experiencia. Así lo confirmaba ayer, desde su despacho del mando de operaciones del Estado Mayor de la Defensa. Tal como cumplió su misión, ha cumplido como corresponsal. Y punto.

Igual de decididos 'suenan' sus 'e-mails'. Con la agilidad de un relato periodístico, la frescura de estar dirigidos a los amigos, sin dramatismos, y con cierta gracia castiza pasan los días, los viajes (unos cuantos kilómetros de un poblado a otro pueden ser una aventura) las amistades improvisadas, las comidas exóticas, la pobreza aceptada y un proyecto personal en el que se implicó nada más llegar a África y ver que la nada generalizada es un caldo de cultivo donde un pequeño impulso puede hacer milagros.

El 'envío 8 bis' cambia algo de tono para hacer una petición a los amigos. «Por eso, por esto que os cuento, me parecería absolutamente inaceptable no pediros una rascada de bolsillo. Supongo que a todos nos ha pasado alguna vez, que hemos desconfiado algo de los envíos de dinero para distintas altruistas causas; a mí me ha pasado algo al menos. Aquí no hay forma. O sí que podría haberla pero no. He abierto una cuenta corriente en la que podéis hacer vuestros ingresos (...) El precio de la escolarización del bienio sale por 30 euros más o menos, según colegios... nada».

Su propósito era doble: escolarizar a la chiquillería que encontraba suelta por la calle y comprar animales, preferentemente cabras, con las que una familia podía mejorar su situación económica. De ahí que el plan adquiriera el contundente nombre de 'niño-cabra'.

Juan Bustamente se dio cuenta de que África le había 'mordido', unos meses después de su vuelta. «Al principio la verdad no la echaba de menos, con la vuelta al trabajo, a la familia, a la vida de siempre, pero según pasa el tiempo me he ido dando cuenta de que me iría mañana mismo si pudiera, a ver cómo siguen las cosas por allí».

Lo mejor que le pasó fue conocer a gente «tan distinta y con valores tan distintos a los nuestros». Le sorprendió «cómo relativizan todo, incluida la pobreza que es general, todos son pobres. Pero no le dan demasiada importancia, no son tremendistas con su situación, quizá porque no han visto otra cosa o porque realmente todo se lo toman con calma. No hay prisa. Tienen tiempo para gastarlo con los demás». Gente religiosa -«la religión ocupa un lugar muy importante en sus vidas»- con las que hizo buenas migas en una situación en la que la soledad fue la experiencia más impactante. De eso hablan sus envíos y también de los olores, los sabores y sonidos de un mundo lejano. «En el viaje, polvo, luego barro, diluvios, nieblas, de todo». Y un ordenador al final del día.



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