Si alguien dijera que nunca ha oído el pasodoble 'Paquito el chocolatero' le mirarían como a un bicho raro. Es muy difícil encontrar oído ajeno al popular pasodoble que, en el año 1937, compuso Gustavo Pascual Falcó en la localidad alicantina de Cocentaina para las 'filaes' de moros y cristianos. Hoy, el anuncio de una conocida marca de cerveza ha vuelto a poner el tema de rabiosa actualidad, pero para su creación tuvieron que concurrir numerosas circunstancias.
Habría que dar con alguien que jamás hubiera escuchado una banda de música o asistido a una boda con baile posterior al banquete. Debería tratarse de una persona que nunca hubiera bailado en la verbena de su pueblo y que ignorase la existencia de la fiesta valenciana de Moros y Cristianos y las Fallas. Hoy en día, sería necesario coincidir con quien no conociera la radio, quien no hubiera descubierto el tono para un teléfono móvil o aquel cuyo televisor no emitiera publicidad con anuncios como el que actualmente puede verse para promocionar una conocida marca de cerveza. Más difícil que encontrar una aguja en un pajar.
Pero Gustavo Pascual Falcó, el compositor, no gozaba de buena salud y allá por los años treinta solía pasar, junto a su familia, agradables ratos de esparcimiento en la valenciana Sierra de Mariola. Parte de ese tiempo lo dedicaba a sus composiciones. Uno de aquellos días mostró a su cuñado lo escrito sobre los pentagramas y le invitó a escoger «la que más te guste y te la dedicaré'», cuenta Gustavo Pascual, hijo del compositor. De entre las obras, el cuñado se inclinó por un pasodoble y, según lo prometido, el autor lo tituló 'Paquito el chocolatero'. Pero aquí la historia de una de las composiciones más populares no hacía más que empezar.
Paquito -Francisco Pérez Molina- era el cuñado del autor del internacional pasodoble, ¿y lo de 'el chocolatero'? A la noble y dulce labor de fabricar chocolate se había dedicado la familia de Consuelito Pérez Molina, esposa del compositor y hermana de Francisco, el célebre Paquito. Y tal como cuenta el hijo del autor, el oficio de sus abuelos dio el apodo a Paquito, a Consuelito y a su otra hermana, Paquita. «A mi hermana, Carmen, y a mí ya no nos llaman 'los chocolateros', pero a mi madre todavía la conocían así», explica Gustavo Pascual. Sin embargo una de las sobrinas del compositor, recuerda el hijo del autor, mantuvo más tiempo el apelativo concedido por la popular costumbre de la localidad de Cocentaina.
En 1937 «damos por estrenado el pasodoble», asegura el hijo del compositor, quien añade que su padre «introdujo el cambio de ritmo en las marchas moras». «Trajo una nueva forma de acompañar al festero. Para las entradas invirtió el orden de los músicos. Delante, los instrumentos que se oyen menos y detrás, los más fuertes. Es lo más importante que aportó a la música», indica el orgulloso hijo del músico.
Derechos de autor
Con los años, la obra se popularizó, pero un día la familia, explica el hijo, «tuvo que reivindicar su nombre, porque su obra estaba inscrita a otro nombre». En su intento por recuperar la obra de su padre, la familia consiguió únicamente «el 50% de los derechos. El otro 50% es de una editora de música», esgrime Gustavo Pascual, quien asegura que esto «genera algunos beneficios por derechos de autor, pero no es para tanto. Yo me gano la vida como protésico dental». Y eso que no hay verbena en la que no suene este 'himno' musical.
En 1987 el pasodoble -cuya partitura está en el Museu del Fester de Cocentaina- cumplió 50 años y el pueblo festejó por todo lo alto «el hecho más internacional de Cocentaina, su 'Paquito el chocolatero'».