La ganadora del Premio Plantea de 1989 clausuró ayer los encuentros literarios organizados por la Biblioteca Pública de Zamora, en los que estudiantes de los centros de la capital han mantenido coloquios con seis escritores. En la entrevista confiesa su preferencia por el relato corto que cultiva en 'Compañeras de viaje', que la editorial Anagrama publicará el próximo mes de marzo.
-Ha comentado en alguna ocasión que en 'Cielo nocturno' le costó menos evocar pasajes de su niñez que de la juventud. ¿Por lógica, no debería ser al contrario?
-No, al revés, a mí me parece lógico lo que me ha pasado porque la niñez ya está muy digerido y tienes en tu recuerdo una perspectiva más lejana y la posibilidad de poner esas vivencias en otra persona. El libro no es autobiográfico, aunque sí utilizo cosas de mi vida para que otra persona los reproduzca. Me parece lógico que sea más fácil el trasvase de la niñez al estar más lejos. En mis novelas he hablado menos de la juventud y lo tengo menos digerido. A partir de esta distancia que he tomado con 'Cielo nocturno', ahora me he encontrado muy cómoda creando episodios juveniles en los que puede hacer otro trasvase mío, pero con otros personajes. De hecho, ahora voy a sacar un libro de relatos que se llama 'Compañeras de viaje', que cuenta historias muy juveniles. La literatura lo bueno que tiene es que convierte en objetivo lo subjetivo.
-¿En qué va a consistir ese libro de relatos, del que ya ha adelantado el primero en su página web?
-Son quince relatos. Ese primero tiene elementos prácticamente autobiográficos, pero en otros he marcado más distancia. Siempre son relatos de mujeres que viajan acompañando a su familia o a una amiga. Son personajes disueltos en otros y la compañera es al final la protagonista. Me gusta la idea de que sea un personaje secundario la protagonista. El primer relato es más melancólico, el resto tiene más humor.
La novela, más tramposa
-¿Se siente más cómoda escribiendo relatos cortos que novelas de mayor extensión?
-La comodidad no es la palabra, pero sí pienso que el relato es más intenso y son palabras mayores por su brevedad. La poesía sería el primer grado y lo más sublime de la literatura y el relato está en ese espacio intermedio entre la poesía y la novela. A mí me parece que el relato destila esa calidad y la novela está más pegada a la tierra y es más tramposa porque tiene una parte artesanal de construcción que la pide la propia novela. Esa parte más artificial y tramposa hace que tenga más lastre y menos ambición, aunque parezca más ambiciosa.
-Hace ahora un año que publicó 'El clarinetista agradecido', el segundo título de la colección de 'Historias de la clínica', tras el que escribió el zamorano Juan Manuel de Prada. ¿Cómo fue la experiencia?
-Para mí fue un reto y por eso lo acepté. Siempre he pensado que bregar con la realidad pura y dura es lo más difícil y la invención es el camino más corto hacia la verdad. Cuando tienes que ser fiel a la verdad, como ocurría en este relato, la historia no puede ser tan verdadera por temor a la equivocación y el respeto a las personas reales que traspasas al relato. Trata sobre un trasplante de hígado. En este caso la donante no quiso estar en el relato, le pedí permiso para inventarme el relato y gracias a eso me gustó hacerlo y lo escribí casi de un tirón.
-¿Qué supone un premio como el Planeta, que ganó hace ahora dos décadas con 'Queda la noche'?
-Es un premio comercial que, aparte de lo económico, que no es despreciable, supone un gran regalo porque consigues una cantidad de lectores que no lo hubieras imaginado antes.
-¿El libro electrónico es una amenaza para los derechos de autor?
-La gran amenaza no es tanto para el autor como para las editoriales. Está claro que va a suponer una revolución que llegará más pronto que tarde. No sé hasta que punto se mantendrán los derechos de autor y de qué forma pero lo importante, que es escribir y contar historias, permanecerá.
-¿Los jóvenes de ahora leen menos que los de antes?
-Es muy difícil comparar, pero en mis tiempos tampoco se leía tanto. Siempre es una minoría a la que le interesa la literatura y la escritura.