La Fundación Díaz Caneja ha brindado la oportunidad a Andrés Coello de mostrar once de las quince series que componen la Colección América, dedicada a quince ciudades americanas que el artista pintó en los años noventa. «Estoy muy satisfecho, ya que no siempre se nos da a los pintores oportunidades de esta categoría», destaca el pintor vallisoletano. El público que quiera conocer la particular visión que tiene este pintor y ceramista vallisoletano de algunas de las urbes más importantes de América, como Sao Paulo o Nueva York, tiene hasta el 6 de diciembre para acercarse hasta la Díaz Caneja y entrar en el universo Coello.
-Si hay algo que destaca a simple vista de esta colección es el color. ¿Es una buena medicina para poner una nota alegre en estos tiempos difíciles?
-Los tiempos que estamos sufriendo y algunos disfrutando no son los mejores, indudablemente, pero creo que el futuro será mejor. El color es un resultado que da pie al optimismo y a la alegría. Soy muy colorista, incluso cuando he hecho exposiciones dramáticas, como la titulada 'Crucificados', hasta que un día una persona dijo públicamente que el arte era sólo color, y yo, para llevarle la contraria, hice la siguiente muestra toda en blanco, 'La ruta natural', que fue muy exitosa.
-¿Por qué para esta colección optó por poner los pigmentos con las manos en lugar de utilizar pinceles?
-La técnica consiste en saturar de humedad el papel. Yo lo cortaba y lo metía en la bañera, y al día siguiente lo sacaba y comenzaba a trabajar. Los pigmentos los deposito en el papel con humedad y los muevo con las manos según mi criterio, prácticamente no necesito ni pinceles ni cualquier otro elemento o herramienta. Al final hago unos trazos complementarios con ceras o con tizas de acuarela para complementar aquellas manchas que no dicen nada en principio.
-¿Qué palabras le gustaría escuchar de un espectador tras ver la Colección América?
-Me gustaría saber que le ha producido ciertos sentimientos. Yo siempre intento hacer que los cuadros hablen y tengan un mensaje, pero no es necesario que la filosofía del autor coincida con la del espectador. Es muy gratificante que la gente que me sigue reconozca mi obra, sea cual sea el cuadro que ve.