Lleva casi treinta años dedicados a la defensa los derechos de las mujeres que residen en el medio rural. Asegura que la desigualdad entre sexos se ha cebado más con ellas, porque son discriminadas por dos razones: por mujeres y por rurales. «La mujer rural es una mujer callada, muy sufrida, sumisa, que pone su familia por encima de todo, y que sufre la discriminación en mayor medida que la mujer que vive en una ciudad», señala. Juana Borrego Izquierdo, salmantina de nacimiento pero segoviana de adopción, repasa en esta entrevista la trayectoria de la Federación Nacional de la Mujer Rural (Femur) y los retos que tiene por delante, porque, como ella bien dice, queda mucho camino por recorrer. Esta tarde, a partir de las 20 horas, en el salón de actos del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, la presidenta de Femur y senadora del Partido Popular por la provincia Segovia pronunciará una ponencia dentro del ciclo Conferencias sobre la Mujer que organiza EL NORTE DE CASTILLA.
-'La mujer rural como protagonista' es el título de la conferencia, ¿a qué se refiere?
-La mujer rural como protagonista de las transformaciones que el campo necesita, del desarrollo rural, de la agricultura y la ganadería, del empleo... Las mujeres rurales son piezas claves en el engranaje del desarrollo rural y del empleo, en la conservación del patrimonio y el desarrollo sostenible. Su aportación es básica para frenar la despoblación y el éxodo que se produce en el campo. Sin ellas sería imposible mantener la vida en los pueblos, aunque haya instituciones que no quieren darse cuenta, porque anteponen otras cosas, también importantes, a las mujeres rurales.
-¿Se refiere al Gobierno central o a la Junta de Castilla y León?
-Me refiero a la Junta de Castilla y León, que se emplea a fondo en la mejora de los caminos rurales, lo cual está muy bien, pero no tiene programas específicos para las mujeres que residen en el campo. Del Gobierno central últimamente no tenemos queja, porque ha establecido programas especiales que benefician a estas personas del medio rural. Lo quieran ver o no las instituciones, la mujer rural debe ser protagonista del cambio que necesita el campo en España.
-¿Quién es la mujer rural?
-Pues una mujer que vive en un pueblo, que es callada, sumisa y que se emplea a fondo en las tareas del hogar, en el cuidado de sus hijos y que además echa una mano a su compañero en las labores agrícolas o ganaderas. Hay dos tipos de mujer rural, la que se dedica a las tareas agrarias y la que es rural por el mero hecho de vivir en el campo. Las mujeres rurales no son distintas a las urbanas, pero sí tienen otros problemas.
-Concréteme esos problemas.
-Hay muchos, muchos. Empecemos por la tasa de actividad, por ejemplo, que es reducidísima. Sólo el 20% de las mujeres rurales tiene un empleo, mientras que en el caso de las urbanas, alcanza el 34%. Otros: la falta de autoestima, de transporte público, la despoblación, la discriminación... Las mujeres que habitan en los pueblos tienen mucho más complicado el acceso a las nuevas tecnologías, están más aisladas... Ahí radica la importancia del asociacionismo, porque asociarse neutraliza el aislamiento y fomenta la convivencia y la relación. Desde la federación siempre hemos trabajado en favor del asociacionismo y de la creación de asociaciones que luchen por los derechos de las mujeres rurales y de su inserción laboral.
-¿Por qué las mujeres rurales sufren mucho más la discriminación?
-Por dos motivos: por ser mujeres y por ser rurales. Apenas tienen oferta laboral y al final se ven abocadas a abandonar el pueblo o a depender económicamente de su marido. Y es que ellas, en su mayoría, quieren quedarse a vivir en el pueblo. Según una encuesta nuestra, el 74% de las mujeres de menos de 35 años prefiere quedarse en el campo y sólo el 20% estaría dispuesto a cambiarlo por la ciudad. La formación y el empleo constituyen uno de nuestros mayores desvelos.
-Imagino que en los últimos años habrá habido muchas transformaciones en el medio rural.
-Evidentemente. Transformaciones sociales de gran calado. El éxodo y los cambios en el sector agrarios, fundamentalmente. Las mujeres jóvenes ya han estudiado en la ciudad y han buscado trabajo fuera de sus pueblos de origen. Afortunadamente, también ha habido muchos cambios en materia de salud e higiene, y ahora el sexo femenino tiene más opciones de acceder a la formación y a la creación de empresas. Sin embargo, como he dicho antes, las instituciones no valoran ni apoyan como debieran esa formación que las mujeres necesitan.
-¿Qué logros ha conseguido Femur desde su creación?
-Han sido muchos. Antes de que surgiera la federación, ya llevábamos varios años trabajando por el asociacionismo femenino. Fundamentalmente, hemos conseguido que las mujeres de los pueblos salgan de sus casas. Esto que ahora parece tan sencillo, en los años ochenta era poco menos que una quimera. Después hemos promovido la creación de becas para los hijos de los agricultores, la formación y la posibilidad de que las propias mujeres puedan crear empresas y generar autoempleo, que puedan ser agricultoras sin que se tenga en cuenta sus ingresos. Y en violencia de género, por ejemplo, disponemos de un servicio especial de apoyo a las mujeres y los niños que la sufren.
-De malos tratos quería hablar. ¿Hay más víctimas en el medio rural?
-Por supuesto. En lo que va de año, han sido asesinadas en España 53 mujeres a manos de sus parejas. Bien, pues, de las 53, sólo 15 vivían en la ciudad y el resto, en el campo. Esto quiere decir que el problema afecta fundamentalmente a las mujeres de los pueblos. Ellas tienen miedo a denunciar porque dependen económicamente de sus compañeros, pero sobre todo porque piensan más en sus hijos que en ellas. El mes pasado ya había acumuladas 120.000 denuncias por malos tratos, en el ámbito rural y en el urbano, pero a final de año rondarán las 150.000. De todas ellas desconozco el porcentaje que procede de los pueblos, pero acertaría si dijera que una mayoría muy considerable.
-La Federación Nacional de la Mujer Rural lleva trabajando desde 1991. Recuérdeme cómo y por qué empezaron.
-Empezamos algunos años antes. Yo fui elegida alcaldesa de Hontalbilla en las municipales de 1983, y desde mi modesto cargo comprobé que las mujeres del pueblo no salían de sus casas. Impulsé entonces una asociación de vecinas porque había verdadera necesidad de organizarlas, de agruparlas. La idea cuajó y otros pueblos la copiaron. Incluso me llamaban para poner en marcha asociaciones parecidas. En 1986, llegó a la provincia Loyola de Palacio, pues fue elegida senadora por Segovia, y le encantó la idea. Me dijo que había que organizarlo aún más e intentamos hacer una federación de ámbito provincial. Con el tiempo, la asociación creció y adquirió dimensión nacional e incluso internacional, porque hemos participado de lleno en proyectos europeos y en países de otros continentes, donde las mujeres necesitan mucha ayuda. El secretario general de la ONU ha destacado hace poco el papel que realizan las rurales en el mundo y esto es muy importante.
-Pero queda mucho por hacer.
-Mucho, mucho. Hemos conseguido algo, una parte, pero no todo. La Federación Nacional de la Mujer Rural tiene muy buenos cimientos. Es algo de las mujeres, muy nuestro, que acoge a personas de todos los colores e ideologías. Y ahí seguimos, manteniendo la llama y la esperanza de muchas mujeres que, gracias a nuestros programas, tienen acceso a una formación y quizá a un hueco en el mercado laboral. Vuelvo a repetir que la mujer rural es una pieza clave para evitar que los pueblos mueran poco a poco, una pieza clave en el desarrollo del campo, de la agricultura y la ganadería.
-Nos vemos, pues, esta tarde, en el Esteban Vicente.
-Allí estaremos. Y agradezco enormemente esta iniciativa a EL NORTE DE CASTILLA, que siempre ha dispensado al medio rural y en concreto a la realidad de las mujeres rurales una atención muy especial.