Si alguien ocupa actualmente el trono del 'Arena Rock' que a principios de los 70 popularizaran las estrellas del rock progresivo y del primerizo Heavy Metal ese es Bruce. Su cuantitativa convocatoria está a la par de su capacidad de comunión con su público. Todo ello, entre otras muchos factores, es algo que hay que tener para ser el rey del rock de los estadios. Su concierto de Valladolid dejó clara esta cuestión monárquica, factor que también tiene sus riesgos cuando en favor de la comunicación y del entorno (34.000 personas ovacionando en un gran espacio abierto) pasan a un segundo plano los detalles musicales de una banda también reinante como es la E Street Band. Por suerte Bruce y sus chicos se cuidan musicalmente y en vez de retirarse a los estudios de grabación como hicieron The Beatles se lanzarán nuevamente y en breve a las giras de espacios más musicales... esos auditorios y teatros donde sus fans podrán sacar jugo a lo que no pudo oírse con nitidez en la noche vallisoletana: El slide guitar de Nils Lofgren, los duelos de guitarra entre Bruce y Steve Van Zandt, los toques tradicionales y americanos de Soozie Tyrell... Es el precio que hay que pagar para compartir con tantos fans a músicos y líderes con tanto jugo.
Bruce eligió e improvisó sobre el Zorrilla un repertorio que obvió posiblemente sus dos temas más populares: 'The river' y 'Born in the USA'. Todo ello en beneficio de una primera parte vigorosa al más puro estilo power-rock propia de alguien que irremediablemente coexistió con Los Ramones y los Clash. Rock del clásico ('Johnny 99' y la versión de 'Great Balls of fire'), éxitos para todos ('Bobby Jean', 'Born to run') y sorpresas como ese 'Surprise, surprise' que apenas ha aparecido en su actual gira y en el que el Boss desafió a un público deseoso de rock and roll con uno de sus temas más pop. Sobre el escenario once músicos. Y en la retina de todos un momento inolvidable entre otros muchos: El de Bruce haciendo la reverencia a Clarence Clemons, el 'Gran Hombre', que acompaña a Springsteen desde hace 36 años y cuya amistad es uno de los símbolos más claros de convivencia y respeto en la carretera del rock and roll.
Y sí: Bruce ha sido el que ha logrado llenar el José Zorrilla. Pero superemos las polémicas paletas: No hace falta vender la última butaca para justificar la presencia de un grande entre los grandes...
La web de EL NORTE recibió ayer decenas de comentarios sobre el concierto. Unanimidad en cuanto a la satisfacción por la entrega del Boss y una queja muy repetida: La falta de bares de comer abiertos a la hora en que acabó el recital.