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El autor de 'Nuevos cantos de vida y esperanza', medalla de Oro a las Bellas Artes, tenía 102 años y será incinerado mañana en León donde vivió desde su infancia
28.06.09 -

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«Una vez me preguntaron por qué sigo escribiendo en los periódicos. Por qué soy eso que ahora se llama columnista de opinión. Es que me cuesta trabajo pasar por la vida sin tener contacto con la vida. Hay gente que vive sin vivir en ella, como decía Santa Teresa. Pero yo quiero vivir en mí y vivir en contacto con la gente». La frase ilustra bien el carácter del poeta y columnista leonés Victoriano Crémer, que falleció en la madrugada del sábado a los 102 años sin haber dimitido de la vida ni del periodismo. Fue asiduo colaborador de EL NORTE DE CASTILLA hasta el año 2001. Su última columna se publica hoy en 'El diario de León'.
El autor de 'Cantos de vida y esperanza' llevaba unos días ingresado en el complejo hospitalario de la capital leonesa donde finalmente murió aquejado de múltiples complicaciones propias de su avanzada edad. Había nacido en Burgos en 1907, hijo de un ferroviario, pero desde niño residía en León, ciudad con la que mantuvo fuertes vínculos y a la que dedicó numerosos escritos. En esta ciudad se instaló ayer su capilla ardiente por la que pasaron escritores y gentes de la cultura de toda Castilla y León. Y en ella será incinerado el lunes en la intimidad familiar, tras un funeral que tendrá lugar en la iglesia del Mercado.
Victoriano Crémer recorrió en poco tiempo un largo camino antes de dedicarse por completo a la literatura y el periodismo, De formación autodidacta, desempeñó varios oficios en su juventud. Fue repartidor de periódicos, mancebo de farmacia, linotipista y periodista clandestino. Durante la República fue secretario del Ateneo Obrero Leonés. Su actividad sindical y sus ideas le valieron estancias en la cárcel durante la Guerra Civil.
La poesía apareció pronto en su horizonte vital. A los 16 años publicó su primer poema en el semanario 'La Crónica de León' y, como el periodismo, fue una actividad que le acompañó durante toda su vida. Su nombre quedará siempre unido a una de las revistas poéticas más importantes de la posguerra española, 'Espadaña', que fundó junto a Eugenio de Nora y Antonio González de Lama. En ella tuvieron cabida muchos poetas opuestos al franquismo lo que les causó numerosos problemas con la censura. La revista se convirtió pronto en portavoz de lo que se llamó 'poesía desarraigada' de tendencia opuesta a la revista 'Garcilaso. Juventud creadora' formalmente adepta al clasicismo y cercana al régimen. En 'Espadaña' se publicó la obra de César Vallejo, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Vicente Aleixandre y el recientemente desaparecido Antonio Pereira.
Victoriano Cremer tenía una extensa obra repartida en distintos géneros, En narrativa es autor de títulos como 'Libro de Caín, 'Historia de Chu.Ma-Chuco', 'Los trenes no dejan huella' o 'Los extraños terroristas de la Sábana Santa'. En el género memorialista escribió el 'Libro de San Marcos', 'Ante el espejo' y 'cualquier tiempo pasado'. En el 2004, con 94 años, publicó 'La casona', un libro a medio camino entre la autobiografía y la novela, al que, sin embargo, el autor se resistía a darle el calificativo de autobiográfico. «Ha sido una de mis luchas a lo largo del tiempo -manifestó entonces- la de rechazar la idea de que mis libros son fieles testimonios de mi propia biografía. Es verdad que yo he dicho que lo que no es biografía no es nada. Y que narro hechos presenciados por mí, pero presto mis reflexiones a seres novelescos. Eso es lo que hacemos los escritores: transmitir nuestras vivencias traducidas a las claves de la ficción».
Pero fue la poesía el género que cultivó por encima de todos y al que dedicó 25 libros. La suya fue una poesía de corte existencialista y marcada preocupación social que le valió premios como el Nacional Leopoldo Panero por 'Tiempo de soledad' (1962) o el Ciudad de Barcelona por 'Lejos de esta lluvia tan amarga' (1974). Otros poemarios suyos fueron 'Las horas perdidas', 'Con la paz al hombro', 'El amor y la sangre', 'La escondida senda' o 'La resistencia de la espiga'. Por el último de ellos, 'El último jinete' consiguió el premio Gil de Biedma de poesía 2008.
Aunque el título pueda parecer premonitorio, no lo veía así su autor, que fiel a su carácter irreductible, manifestó entonces: «Este premio me refuerza en mi deseo de continuar. Vuelve a despertar en mí el entusiasmo lírico y lo más probable en que continúe».
Contra Crémer
El periodismo fue la otra gran ocupación de su vida. El título de su columna 'Crémer contra Crémer' adoptado de la película de gran éxito que estrenó en 1979 Robert Benton, da idea de su sentido del humor y de su carácter contradictorio. Activo hasta el final, estaba escribiendo una novela y en la sede del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua se puede visitar una exposición que recoge sus dibujos.
En los últimos años se sucedieron los reconocimientos y homenajes. En el año 2007, con motivo de su centenario, se celebró en León un congreso literario dedicado a su figura. En él participó el poeta Antonio Gamoneda, también leonés de adopción como Crémer. El premio Cervantes, que ayer visitó la capilla ardiente, calificó al escritor desaparecido como «maestro y gran amigo». «Siempre ha sido una figura de referencia al que me une una amistad que ha transcurrido sin una sola quiebra», dijo entonces el autor de 'El libro del frío'.
Ese mismo año recibió la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo y un año después la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Era premio Castilla y León de las Letras y doctor honoris causa por la Universidad de León.
Las numerosas testimonios que ayer se recogieron entre amigos y colegas tenían como denominador común la perplejidad ante una muerte que, dada la longevidad del escritor, parecía que ya no iba a suceder.
Así lo expresó el director de la Fundación Jorge Guillén, Antonio Piedra: «Nadie pensaba que se iba a morir porque nos había acostumbrado a que el tiempo no iba con él. Había adoptado como lema vital esa frase cervantina de que 'al tiempo hay que darle tiempo para que dé salida a las amarguras y dificultades de la vida'». Lo cual no le impedía reconocer «que últimamente se está yendo lo mejor de nuestra literatura, maestros indispensables que nos han acompañado siempre».
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