Alicia Ríos estaba exultante. La ideadora y una de las responsables de 'Devorar Segovia a la luz de la luna' no cabía en sí de orgullo. Y es que hasta la meteorología, afeada por los nubarrones, respetó el banquete y se puso el babero para degustar la maqueta comestible de 24 metros cuadrados que se instaló, y posteriormente se engulló, en el Azoguejo. Era el plato fuerte de la tercera Noche de Luna Llena, ese escaparate con el que la candidatura de
Segovia a la Capitalidad Cultural Europea del 2016 quiere comerse el mundo. Y nunca mejor dicho después de la demostración creativa y culinaria de ayer.
La directora de este proyecto, a medio camino entre el arte, la arquitectura y la gastronomía, se explayó al presentar el resultado final, cuando los seis grupos terminaron de ubicar y encajar las diferentes zonas, los distintos cuadrantes en los que se dividió la capital del Acueducto y que depositaron con esmero uno tras otro hasta completar la maqueta. Ríos no vaciló y exclamó que la «ciudad con la gastronomía más interesante del mundo» merecía esta obra de arte comestible. Por cierto, los responsables de la Oficina Segovia 2016, además de respirar aliviados al ver que la lluvia pasaba de largo del festín, estimaban que la ciudad a escala sería 'devorada' en unas tres mil raciones, al simbólico precio de 1 euro.
Alicia Ríos, en representación del equipo Ali&Cía, recordó los momentos de risas y lágrimas que ha conllevado el proceso. Los seis grupos recorrieron la ciudad sumando ideas, pensando para cada monumento, para cada edificio, para cada minúsculo detalle un alimento, una creación culinaria. Y después, lo plasmaron en la ciudad a escala que se exhibió en el Azoguejo ante cientos de curiosos que no pararon de inmortalizar el momento antes de que comenzara la degustación multitudinaria.
La creadora del proyecto esgrimió que, sin duda, «¡
Segovia es la ciudad más deliciosa del mundo!», Grito y eslogan que recogió el alcalde de la ciudad, Pedro Arahuetes. El regidor agarró el micrófono y alentó el sueño de la capitalidad de cuantos se congregaron en el Azoguejo. El discurso 'mitinero' apeló al sentimiento segoviano. Arahuetes manifestó que «cualquier persona, por poca sensibilidad que tenga, puede sentir orgullo» ante la obra de arte comestible conseguida por los propios ciudadanos y las diferentes asociaciones de la capital, siempre bajo el asesoramiento del equipo de Ali&Cía.
«No sólo es un plano, no sólo es comida, no sólo es una ciudad trasladada a alimentos; sino lo de hoy representa el trabajo de los segovianos», volvió a arengar el regidor. Aprovechó el título del acto para exclamar que en esa Noche de Luna Llena «vamos a devorar
La implicación de los ciudadanos que han participado en este proyecto y su ilusión han sido los ingredientes principales, comentaba la concejala de Cultura, Clara Luquero. La edil se estremecía al recordar anécdotas sucedidas durante la elaboración de esta ciudad hecha para el paladar, como la de uno de los 'cocineros', que confesaba no dormir pensando en que se le pudiera romper una de las torres comestibles en las que trabajaba. «Se me ponía la piel de gallina», señalaba Luquero.
Sabrosos monumentos
Igual de emocionada se mostraba la directora gerente de la Oficina Segovia 2016, Nuria Preciado, en fundada en una camiseta en la que se leía 'A vueltas con la luna', eslogan indentificador que vestían buena parte de la treintena de 'lunáticos' que han trabajado para que la Noche de Luna Llena fuera, de nuevo, el estandarte más visible de la candidatura, y los voluntarios que han colaborado a enarbolarlo.
En el menú, un Alcázar de bizcocho recubierto de merengue, con la cubierta de mermelada de frambuesa; y un Acueducto de hojaldres de cochinillo confitado -no podía faltar el plato más tradicional, aunque fuera mediante una elaboración más innovadora-. En la cima de la maqueta, la Catedral, también de bizcocho, pero esta vez recubierto de masa quebrada y dulces por vidrieras. La iglesia de San Andrés, en honor a la típica tajada, estaba construida con choricitos. Y es que, como apuntaba Preciado, «las recetas estaban llenas de simbolismos». Una Ceca de dulce no podría por menos que esconder golosas monedas... de chocolate. La oreja de cerdo, con la gelatina cortada y pimiento morrón dio forma a una apetitosa y sorprendente iglesia de San Juan de los Caballeros. Un pastel de cabracho recubierto de zanahoria se convirtió en el Ayuntamiento de la ciudad, sobre la que ondeó la bandera de Segoentiende. El templete de la Plaza Mayor era una gran loncha de chorizo de Cantimpalos, dando prestancia al producto local.
Colas en los museos
La Judería lucía sabrosa con la tosta sefardí de milhoja de berenjena con cordero y verduritas de la huerta de la estrella. Las calles eran de mazapán; las murallas, gofres, y el río, pececillos. Nada escapó al detalle de los cocineros-arquitectos. Hasta a las farolas de gominola se las podía hincar el diente.
Pero esto fue sólo el aperitivo suculento de una Noche de Luna Llena dedicada a los espacios museísticos y a las propuestas ideadas para el momento para interactuar con el público. La meteorología, al menos la lluvia, respetó buena parte del programa, y la gente se lanzó a la calle. Por ejemplo, las colas en el Esteban Vicente para degustar la colección permanente del tureganense y la coreografía 'Matryoshka' evidenciaban hambre de cultura, a pesar del banquete inicial.
Tampoco faltó la música en la calle, con el espectáculo tribal África, en San Martín incluido dentro del segundo Encuentro de Percusión; ni la cita con las nuevas tecnologías en varios espacios.