Malo es perder, pero hacerlo en números rojos es especialmente doloroso. Hillary Clinton necesita 22,5 millones de dólares (14,4 millones de euros si los recaudase en Europa) para dejar atrás su fallido intento de conquistar la Casa Blanca. Para minimizar los resentimientos, su rival Barack Obama ha pedido a sus donantes que le echen una mano.
Lo dijo con mucho tacto en una conferencia telefónica que sostuvo el martes con los miembros de su Comité Financiero Nacional, donde muchos ya se lo temían. Los últimos préstamos de Hillary Clinton a su propia campaña habían irritado a los grandes donantes de Obama, que anticipaban que al final serían ellos quienes acabarían sufragando el tesón de la ex primera dama por alargar una campaña herida de muerte que debilitó a su candidato en la recta final.
Para mantenerla, viva la senadora prestó a su campaña 11,4 millones de dólares de su bolsillo, que aspira a recuperarlo sin antes pagar las cuentas pendientes con sus acreedores. El pasado 7 de junio tuvo cuidado de «suspender» su campaña en vez de darla por terminada, un formalismo que le permite seguir recaudando fondos. Sin embargo, su cantera está casi agotada. La ley electoral limita a 2.300 dólares (1.466 euros) la cantidad maxima a donar, y dado que los Clinton han llegado tarde a la revolución de pequeños donantes por Internet, sus millonarios tienen las manos atadas. Por eso son los de Obama los que están en condiciones de firmar cheques abultados con los que contribuir a la unidad del partido «si se sienten inclinados a hacerlo así», matizó el candidato.
La fórmula para pedirles que respondan a las agresiones de Hillary poniendo la otra mejilla fue muy diplomatica. «Algunos de nuestros donantes han preguntado, y Barack les ha dicho que si tienen la posibilidad de dar dinero para ayudarla a saldar la deuda les alienta a que lo hagan», relató su portavoz, Robert Gibbs. En una entrevista con la CNN, el senador de Illinois resultó más pragmático. «Vamos a necesitar a los Clinton», admitió.
Jugada concertada
El tempo de la jugada no dejaba lugar a dudas de cuán concertado era el gesto. La petición de Obama a sus donantes llegaba dos días después de que se reunieran en Washington. La víspera, Bill Clinton, cuyas malas vibraciones hacia Obama son públicas, emitió un comunicado prometiendo hacer «todo lo que pueda» para ayudarle a ganar. Y poco después de que se hiciera pública la llamada a los donantes, Hillary Clinton reapareció en los buzones de correo electrónico de sus seguidores: «Hoy os pido una vez más vuestra ayuda para sacar esta campaña de la deuda y así poder seguir luchando juntos», decía la senadora en su misiva. «Como sabéis, tuve que prestar dinero a mi campaña en los momentos críticos. No estoy pidiéndole a nadie ayuda para devolverlo. Fue mi inversion y mi compromiso porque creía profundamente en nuestra causa. Pero necesito ayuda para pagar las deudas que hemos contraído con otros».
Hoy, Clinton tendrá la oportunidad de persuadir a los donantes de Obama de que será una aliada fiel durante el primer acto conjunto, a celebrar en una localidad de New Hampshire con un nombre muy simbólico: Unity.
Clinton volvió el martes a sus labores de senadora recibida con una gran ovación por sus compañeros del Senado y aclamada por los fans que la esperaban en las escalinatas. Mientras, en Los Angeles, Obama continuaba su imparable efecto de caja registradora con un variado concierto de recaudación de fondos por el que las estrellas vip pagaron 28.500 dólares por pareja, con cena incluida, y los de a pie hasta 2.300. Los actores Dennis Quaid, Samuel Jackson y Don Cheadle compartieron asiento con poderosos productores de Hollywood. Otros se reservaron para el que está organizando Steven Spielberg.