La Sala Municipal de Exposiciones de la Iglesia de las Francesas de Valladolid acogerá desde el día próximo día 30 de mayo y hasta el 6 de julio, la exposición "ANTONI TAPIES. Obra gráfica" que presenta mas de medio centenar de obras originales de TAPIÈS, uno de los grandes artistas españoles del arte universal del siglo XX.
Los valores y características de Tàpies se mantienen en su producción gráfica, sólida y contundente, un trabajo que transmite con igual violencia y pasión, la fuerza expresiva y la forma emotiva presentes en toda su obra, y demuestra el importante papel que esta modalidad puede desempeñar en la producción de un artista, toda vez que influye en el pensamiento creador mediante la asimilación de nuevas técnicas. La obra gráfica de Tapies se asemeja, en cuanto a su carácter y su desarrollo, con su pintura y escultura, ya que el enfoque artístico es fundamentalmente el mismo: un trabajo personal donde prima la inscripción, una escritura no basada en la palabra sino en símbolos y signos ideados por el autor en el que aparecen jeroglíficos, garabatos, grafittis, partes del cuerpo, cruces, números o letras imposibles en una grafía exclusivamente material .
La extraordinaria coherencia plástica presente en toda la obra de Tàpies se encuentra también en su gráfica, no obstante, los componentes del grabado – los efectos de la tinta, el papel y la presión de la prensa; las especiales características de la línea y la superficie que permiten las numerosas técnicas; y, usualmente, la escala más reducida –influyen en la expresión y el significado. Uno de los aspectos esenciales del lenguaje de Tàpies es la pulsión, diríamos pasión, violenta y rotunda con la que aborda sus cuadros, la fuerza de los trazos precisos, de las letras y palabras mediante las cuales ha ido construyendo su universo más particular y característico.
El grabado contemporáneo normalmente refleja tendencias que se daban en alguna otra parte, dentro del arte, bien que con diferente énfasis. Aunque ciertas técnicas de grabar han florecido de manera intermitente durante el período contemporáneo, Tapies ha trabajado siempre la litografía y el aguafuerte. Combinando la técnica del collagraph, el carborundo, el flocado y el collage tradicional, a menudo construye un relieve escultórico sobre superficies convencionalmente planas, generando una notable tactilidad que se corresponde con su trabajo en la pintura y que va dirigida tanto a las yemas de los dedos como a los ojos. Se trata de variaciones sobre los mismos temas, con su característico dibujo libre y gestual y un cromatismo restringido y riguroso, donde los claros se recortan contra campos más oscuros y de menor densidad.
Antoni Tapies
Nacido en Barcelona en 1923, a los veintidós años renunció a la carrera de Derecho para dedicarse de lleno a la pintura, arte que abordó a través del collage (hojas de periódico, papel de estaño, cuerdas) y de pinturas terrosas que presentan grattages(raspaduras) y graffiti. En esta primera etapa de su vida crea, con otros artistas e intelectuales catalanes, el grupo «Dau al Set»(1948). Este movimiento ampara sus primeras exposiciones, que ya ponían de manifiesto su interés por el surrealismo.
Hacia 1949, renunciando a los efectos de la materia, se dedica a crear cuadros en los que predominan los tonos grises, aunque con interrupciones de importancia variable de colores vivos (verde, rojo), cuadros en los que aparecen impresiones textiles, signos (semicírculos, triángulos) y letras deformadas. En 1954, después de impartir un curso de arte abstracto en la universidad Menéndez Pelayo de Santander, da entrada de nuevo a la materia: trabaja los cuadros con argamasa (mezclando al óleo mármol pulverizado y usando pigmentos en polvo disueltos en látex) para reencontrar la tradición secular de un mundo fosilizado, de colorido desvaído, que en 1958 le valió el Premio Carnegie.
Su etapa posterior a 1965 pertenece a la neofiguración y al arte pobre: arpilleras, objetos rústicos y objetos cotidianos se funden en una obra que llegó a alcanzar difusión universal (Materia gris en forma de sombrero, 1966; Tres sillas, 1967; Dos cruces, 1967). En la década de los setenta, sus «esculturas en el espacio»hacen que el objeto (maderas ensambladas, sillas, ropas, libros quemados), hasta entonces estampado en hueco o modelado en relieve en el espesor de la materia, se salga de la tela para inmovilizarlo en el espacio y darle una realidad más áspera. En este aspecto Tàpies comunica al arte pobre una carga emocional muy importante. Su labor creadora ha ido acompañada, en los años setenta y ochenta, de textos teóricos (La práctica del arte, 1970; El arte contra la estética, 1974; Memoria personal, 1978; Por un arte moderno y progresista, 1985).
Paralelamente a la producción pictórica y objetual, Tàpies ha ido desarrollando desde 1947 una intensa actividad en el campo de la obra gráfica. En este sentido, vale la pena destacar que el artista ha realizado un gran número de carpetas y libros de bibliófilo en estrecha colaboración con poetas y escritores como Alberti, Bonnefoy, Du Bouchet, Brodsky, Brossa, Daive, Dupin, Foix, Frémon, Gimferrer, Guillén, Jabès, Mestres Quadreny, Mitscherlich, Paz, Saramago, Takiguchi, Ullán, Valente y Zambrano, entre otros. Asimismo, Antoni Tàpies ha desarrollado una tarea de ensayista que ha dado lugar a una serie de publicaciones, algunas traducidas a distintos idiomas: La práctica del arte (1971), El arte contra la estética (1977), Memoria personal (1983), La realidad como arte. Por un arte moderno y progresista (1989), El arte y sus lugares (1999) y Valor del arte (2001).