
LOS TERRORISTAS
-¿Sabe que el lunes le condenaron a otros seis años por atracar la oficina de Caja Duero de Mercaolid -cumple otros once por otro asalto en Barcelona- en mayo de 1999?
-No, es la primera noticia que tengo, pero me llena de satisfacción. Ya que no cumple la condena de 30 años por la muerte de mi hijo que sepa, al menos, lo que es estar en la cárcel. Deseo que ahora cumpla todos los años que le caigan.
-¿De verdad que nadie les ha informado de los procesos contra los terroristas implicados en el crimen -el segundo, Israel Torralba, fue condenado en el año 2006 a 30 años por el asesinato-?
-De nada de nada. Lo poco que sabemos es por la radio, la televisión o por el periódico que lee mi marido en el bar de la esquina. El viernes hace tres semanas desde que nos enteramos de la absolución porque Mauro leyó el periódico y vino a casa desencajado.
-¿Y cómo lo asumieron?
-La verdad es que muy mal, y peor aún por tener que enterarnos así sin que nadie nos dijera nada. Ni siquiera la Policía a pesar de haber tenido dos hijos agentes.
-¿Tampoco asistieron al juicio?
-No fuimos porque ni lo sabíamos.
-¿Tienen algún abogado que haya defendido estos años sus intereses?
-Hasta ahora no, aunque hace dos meses nos llamó un abogado de la asociación de víctimas del terrorismo y nos preguntó lo mismo. Es vergonzoso. Yo lo que digo es que, y no tengo nada en contra de los padres y las madres de las víctimas de ETA por lo que sufren, pero es que los familiares de las de los Grapo somos de segunda división. No les nombran nunca. Si es de la ETA, sí, que es una pena, pero es que los del Grapo también han dejado familias rotas. Y mi hijo dejó una viuda con 27 años. El mayor está destrozado y jubilado con 40 años -era agente de la Unidad de Intervención Policial en Las Eras-.
-¿Les han dicho si cabe algún tipo de recurso contra la absolución?
-Ya no se puede recurrir a nadie, pero al menos nos queda el consuelo de que el Ayuntamiento -de La Cistérniga- se ha portado muy bien con la manifestación de protesta que celebraron el día 6. El pueblo nos ha dado todo su apoyo y estamos encantados porque nos han arropado mucho. Desde que mataron a mi hijo los vecinos están con nosotros hasta el punto de que tenemos una avenida preciosa de chalés que se llama Francisco Javier Sanz Morales y me le han hecho hijo predilecto. ¿Qué más puedo pedir? Si a mi hijo le adoraban porque era deportista y ayudaba a todos. ¿Por qué le mataron? Estamos muy indignados por eso, porque nadie nos dice nada.
-Y usted y su familia, ¿cómo están?
-Estas últimas semanas hemos estado muy mal. Siete años y medio va a hacer para el mes que viene... ¿Cómo vamos a vivir? Muy mal, porque estamos viviendo por vivir. Tengo otros cuatro hijos, un marido y cinco nietos como cinco soles, que eso es maravilloso, pero esto no es vivir, porque mi hijo tenía muchas ilusiones por ser policía y con 28 años se las quitaron. Era su ilusión ser policía porque lo era también su hermano. Siempre le decía: Hijo, ¿por qué os habéis metido en esto con las cosas que hay?, y me decía que a todos no nos va a pasar algo malo, pero, mira, al final nos tocó...
«Viviendo día a día»
-¿Se ha preguntado el por qué?
-Cada día me preguntó por qué mataron a mi hijo, porque sólo se estaba ganando el pan. Eso es lo que quiero saber, si fue por robarle la pistola o por qué. Él iba todos los días a ese colegio porque era conflictivo y al salir a subirse a la moto ahí me le quedaron. Yo lo que digo es que por qué, porque no estaba vinculado a nada ni sabemos nada de política más allá de que mi marido cobre la pensión de jubilación -Mauro tiene 72 años y está jubilado desde que se cayó de un andamio de once metros con 41 trabajando de obrero en Fasa-. Y es lo que hay. Ya ves qué vinculación vamos a tener con nada. Nos tocó como si fuera otro cualquiera. El destino es así porque mi hijo sustituyó ese día a una compañera y ya ves... Hay que ir viviendo día a día porque si no esto sería todavía más terrible.
-¿Perdonaría a los terroristas?
-Soy católica y creyente, pero aunque viniera de rodillas arrastrándose a mi casa no perdonaría al asesino de mi hijo que me lo quitara con las ilusiones que tenía un año después de casarse y con una casa que se había comprado hacía poco en Alcorcón. Me le quitaron así como así. Y como yo hay miles de madres de víctimas.
-¿Cree que podrá olvidar?
-¿Yo, a mi hijo?, nunca. Tengo otros cuatro, pero esa espina la tendré clavada siempre. De verdad que sólo espero que los dos asesinos cumplan todas sus condenas íntegras en las cárceles.















