Batalla diaria
Los términos belicosos son constantes en la obra toda vez que, argumenta, «los profesores tienen que librar una especie de batalla diaria e ir a la trinchera» para establecer una relación con unos alumnos que, en su mayoría, no comprenden o no están interesados en los que se les cuenta. «La relación que se establece es de antagonistas», apunta.
«La verdadera guerra en las aulas se establece contra la ignorancia de los alumnos -dice sin inmutarse-. El docente a veces no encuentra aliados ni entre los mismos profesores, y tiene enemigos entre los alumnos y los padres». De esta situación, concluye, deriva la frustración de los profesores, «que se encuentran sin armas para dar la batalla a la que están destinados».
La falta de entendimiento es aún más palpable, precisa Sánchez Tortosa, por la forma en que los alumnos perciben al docente. «Ven al profesor no como alguien que quiere inculcarles unos conocimientos, sino como a una especie de guarda jurado que les encierra en el aula durante una hora para enseñarles cosas que no les interesan en absoluto». Puntualiza que no todos los alumnos responden a esta escasez de responsabilidad, constancia y esfuerzo, si bien son una minoría. «Los pocos alumnos que responden a ese perfil, están en una especie de islote heroico».








