
«¿Alguien puede decir que la muerte de Jesucristo no fue digna?», preguntó el sacerdote de Calatayud a los miles de asistentes y cientos de cofrades que escucharon su interpelación, marcada por una profunda reflexión sobre la forma actual de practicar la fe católica. «¿Cómo no vas a tener sed ante una sociedad olvidada de ti, ante tantas familias cristianas en las que se ha perdido el recuerdo de tu vida, de tus palabras y de tus milagros, ante tantos jóvenes bautizados para los que no representas nada?», se interrogaba Sebastián sobre la figura de Cristo, durante la Quinta Palabra: 'Sed Tengo', que finalizó con elocuentes gestos dirigidos hacia el nutrido público y con una notoria sentencia: «No apaguemos tu sed con el vinagre de la hipocresía».
A las once y media de la mañana, su discurso fue precedido por la llegada a la Plaza Mayor de una larga comitiva de las Siete Palabras, encabezada por 20 jinetes de la cofradía, que desde las ocho y media de la mañana recorrían las calles de Valladolid para convocar a los fieles en ese mismo punto al mediodía. Una niña de la hermandad fue la encargada de entregar al arzobispo de Valladolid, Braulio Rodríguez, el pergamino con el soneto que Álvaro Gimeno había pronunciado a viva voz por la capital del Pisuerga.
Mundo sin religión
Pasadas las doce del mediodía, los pasos que representan las Siete Palabras marcharon lentamente frente a la acera de San Francisco, donde se instaló el púlpito para el arzobispo. «No saben lo que hacen los sabios falsos y pretenciosos que desprecian a Dios y quieren un mundo sin religión», sentenció Sebastián durante su reflexión sobre la Primera Palabra: 'Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen'. «Somos muy poca cosa y nos equivocamos muchas veces», añadió el sacerdote nacido en 1929, que a pesar de estar retirado de la diócesis navarra continúa su labor religiosa desde Málaga.
Su discurso ahondó en las cuestiones que afectan a la forma actual de practicar la fe católica, pero Sebastián también aprovechó el momento para pedir a los fieles que no tengan «miedo» porque la Iglesia católica no necesita «ni privilegios ni protecciones de nadie». Además, el arzobispo emérito de Pamplona definió al cristianismo «no como una sociedad hierática e inhumana que a veces nos quieren presentar y desprestigiar, sino como una sociedad del amor».
Fernando Sebastián también quiso mostrar su creciente preocupación por la falta de conversiones al catolicismo y el proceso general de secularización. «Hay millones de hombres que no saben que son hijos de Dios, que no saben que la humanidad tienen un Salvador», alertó el arzobispo para añadir instantes después que «faltan misioneros, testigos y santos que anuncien la presencia del amor de Dios».
Los católicos y la libertad
Durante la Sexta Palabra, Sebastián volvió a criticar el actual progreso del laicismo al afirmar: «¿Qué error tan grande es creer que para entrar en la modernidad tenemos que abandonar el cristianismo!». Poco después, preguntaba: «¿Qué nos van a decir a los cristianos de la libertad si somos discípulos de Jesús?». Una interrogación dirigida a los asistentes, a quienes se dirigió como «amigos de cerca y de lejos».
«Hemos venido a Valladolid para conocer los desfiles castellanos. Primero, porque somos creyentes y, segundo, porque nos encantan las procesiones», confesaba Mari Pepa sentada en una de las sillas de la Plaza Mayor, cuyo precio era de cinco euros. Junto a su familia y con una hoja de periódico sobre la cabeza, esta murciana escuchó la plática de Fernando Sebastián, que se prolongó durante 80 minutos.
Los representantes de 15 embajadas extranjeras en España fueron los invitados de honor del Sermón de las Siete Palabras, así como varias autoridades locales y provinciales y varios miembros de las cofradías vallisoletanas. No obstante, la hermandad protagonista de la mañana fue las Siete Palabras, que entró a la Plaza Mayor desde la calle Santiago en un desfile de penitentes, pasos, tambores, cornetas y cofrades a caballo.
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