
Esta localidad de la comarca de La Moraña, ubicada a 23 kilómetros de Ávila, está amenazada por la despoblación. La falta de oportunidades es directamente proporcional al retroceso en el sector agrario, su principal actividad económica. «Renovarse o morir», dice Martín. Las alternativas pasan por aprovechar el potencial energético del medio rural. Gracias a este recurso, el Consistorio de Gotarrendura se ha convertido en acreedor de diversos reconocimientos y premios, el último, el que otorga el Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDFAE) del Ministerio de Industria a la Edificación Sostenible por la construcción de un albergue de peregrinos del Camino de Santiago.
Camino de Santiago
Durante las últimas décadas, materiales como el ladrillo o el hormigón han tomado el relevo a los edificios de tierra. Sin embargo, desde el Ayuntamiento de este pequeño municipio se intentan impulsar las construcciones de adobe, ya que tienen un consumo energético para su elaboración «muy inferior a otros materiales utilizados y una conductividad térmica menor». Además, esta técnica milenaria «contribuye a la sostenibilidad, recupera la tipología constructiva tradicional y mejora la integración de las nuevas construcciones en el entorno desde el punto de vista paisajístico», explica Martín.
El primer albergue de peregrinos de Gotarrendura se ha convertido en la edificación sostenible por excelencia. Los andarines que pernocten en esta localidad en su tránsito por el Camino de Santiago del sureste descubrirán un lugar galardonado por el Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético, al haber apostado por las antiguas técnicas de construcción y la implantación de nuevas tecnologías de energías renovables.
Construido en las antiguas casas del maestro, se ha recuperado el adobe existente para levantar el actual albergue. Un edificio en el que también se apuesta por la energías limpias. En la cubierta se proyecta colocar paneles fotovoltaicos que producirán energía eléctrica para verter a la red. Estos paneles generarán unos beneficios de 3.000 euros que se destinarán a la creación de un puesto de trabajo para el mantenimiento del albergue. Además, los alumnos del taller de empleo que se imparte en la Mancomunidad Ribera de El Adaja se encargarán de instalar colectores solares sobre la cubierta para abastecer de agua caliente a los peregrinos que pernocten en el albergue.










