
No sé si Segovia va a ser capital cultural en 2016, pero sí sé que tenemos que actuar como si lo fuera a ser. Yo creo que contemplar a Liverpool como capital europea de la cultura de este año nos puede dar un cierto empujón de moral, porque hay que reconocer que hasta que llegaron los Beatles la única referencia cultural que el mundo occidental tenía de Liverpool eran los reds de su equipo de fútbol. Hasta hace no muchos años Liverpool era una ciudad portuaria sumida en los efectos de la crisis económica. Y yo creo que todo el mundo ha oído hablar de los estupendos pubs de Liverpool y no de su Acueducto. Sí, puede ser que la Gimnástica no sea el Liverpool, pero también tenemos nuestro corazoncito. Desde hace algunos años Liverpool apostó por la cultura, y ahora tienen buenos museos, hasta una Tate Liverpool (nosotros tenemos el Esteban Vicente), y un Centro de Artes y Tecnologías (no es broma, como nosotros, se llama FACT) pero están vendiendo su capitalidad cultural hacia el exterior sobre todo con referencias al pop, al fútbol y al Grand National.
Por supuesto que no basta con nuestros monumentos, pero no podemos negar que tenemos buenas bases para llegar a cualquier parte. Sí, es cierto que no tenemos a los Beatles, y que ir a ver el Puente de Aranda por el que se tiró el tío Juanillo no es lo mismo que comprobar que existen realmente el Cavern pub o la calle Penny Lane, pero también podemos presentar con la cabeza muy alta a la Troupé de la Merced y a los Tinakis. Y, sobre todo, podemos prepararlo todo para que de aquí surjan los Beatles del futuro o para que los Beatles del futuro desarrollen su creatividad en una ciudad como la nuestra.
Objetivamente tenemos todas las cualidades del mundo. Esta ciudad tiene el tamaño ideal y las comunicaciones ideales con el resto de España para ser una excelente capital cultural. Justamente lo mejor que tenemos es nuestro valor añadido, porque al ser una ciudad pequeña y flexible podemos convertirnos en lo que queramos ser. Pero sobre todo lo importante es que queramos convertirnos en una ciudad moderna. Y en eso no nos va el envite sólo de la capitalidad cultural del 2016. Nos va en juego nuestra propia supervivencia como ciudad, nuestro propio futuro.
Yo creo que lo mejor que tienen los embajadores que ha elegido hasta el momento la candidatura segoviana es que son gente que ha luchado contra lo establecido, contra lo que se suponía, contra lo que se espera. Un chaval español a priori tenía escasas posibilidades de convertirse en una estrella mundial de la danza, pero Corella lo consiguió. Una mujer en España nunca había dirigido y protagonizado un talk show, y Eva Hache lo hizo. Pero si hay alguien que destaque por su capacidad para luchar contra lo previsible es sobre todo el más reciente embajador, José Antonio Abreu. Estoy seguro de que cuando contara a la gente su idea de que tal vez con la música, con la ayuda de un instrumento, podría regenerarse la vida de cientos de niños, tuvo que aguantar cientos de miradas de piedad. Pobrecito. Ingenuo. Y ahí lo tienen, haciendo milagros con esa orquesta que además transmite pasión por lo que hace. Lo importante no es que Abreu sea más o menos conocido que los cantantes de Il Divo, sino los valores que representa.













