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Caminos del antihéroe
Ediciones Tansonville publica 'antimundo', el último poemario de Ángel Guache
20.01.08 -

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Tiene algo de 'enfant terrible' y en consecuencia el juego es fundamental en su vida (se supone) y en su literatura (se constata). Ángel Guache (Luanco, Asturias, 1950) lleva años dejándose llevar por su vena más humorística y ahora se ha puesto serio en 'antimundo' el poemario que acaba de publicar en la vallisoletana Ediciones Tansonville.

Ya desde el título, el poeta, o quizá habría que decir el 'antipoeta', se coloca enfrente. Total o parcialmente, enfrente del mundo. Si alguna corriente contracultural estuviera de moda, lo suyo sería vanguardia. Pero ahora ha hecho una parada -quizá también la edad tenga algo de culpa- y le ha salido un libro que recopila en parte y sin planes previos los caminos antes recorridos, desde ese post simbolismo que le encuadró en la llamada 'escuela de Trieste', (Juan Manuel Bonet, Ángel Rupérez...), al existencialismo de algunos poemas, pasando por acentos surrealistas y su yo más reflexivo.

Y todo eso, sin dejar de lado ni poder evitar, el humor y la ironía. Algo con lo que el lector se topa desde el primer poema, titulado 'Bajazor (Alucinaciones flacas y gordas)', en el que hace un irónico guiño al 'Altazor' de Vicente Huidobro. «Lo que allí era un héroe de altos vuelos aquí es todo lo contrario. Un antihéroe contemporáneo que vive con su muñeca hinchable. El poema me lo inspiró un artista americano que conocí en los 80, Kenny Scharf, y la espiral es en él un modo de acceder a otros mundos o de acceder al antimundo», dice el autor de 'Diario de un buzo'.

Tragicómico

Como advierte una nota en el comienzo de 'antimundo' este largo poema en prosa está escrito para ser leído «como un monólogo, en voz alta, de una forma enloquecida, por un actor tragicómico». Pero a partir de este inicio cambia el tono de un libro que rompe tanto la línea del humor como la vena más popular, que le ha llevado a colaborar con muchos músicos de distintas tendencias en las letras de sus canciones (Nacho Vegas; Julián Hernández, de Siniestro Total; Malú Garay o Pauline en la playa).

«En noche de ceniza yo me adentro/ ebrio de eternidad y de vacío/ de turbias amapolas del olvido», dice en 'Linde'. Un solo poema puede contener en sí todo las revueltas de su ánimo: «Recuerda: dicen que la materia no se crea/ ni se destruye, sino que se transforma/ ¿En aire, en ruido, en polvo, en nada?/ ¿En nada de nada? (...) Soy una bacteria que se convertirá en un mamut».

De cuando en cuando el libro depara poemas de amor, como 'Nocturnal': «Viajo por tu cuerpo encendido, reclinado oratorio, ardiente tea./ Mis ojos nombran las regiones migratorias,/ la gran araña que tejió su tela en los valles de la sombra(...)» o 'Alimento': «Ven, acércate, cércame, enrosca tu cuerpo en el mío/ que tus miembros sean muda enredadera», o 'Te amo': «Te amo como se aman las arañas/ y los pétalos,/ te amo como se aman los dedos en flor».

Hay, por fin, metapoesía. Esos poemas que funcionan a modo de poética: «Amo el poema como unión libre de palabras, / no como palabras casadas por la iglesia,/ formalizadas, medidas, institucionalizadas», dice en 'Libertad de la palabra'. Y en 'Poderes de poeta': (...) puedo alcanzar la barbarie estilística de Atila, y del caballo segador de Atila y de las huestes de Atila (...) puedo tocar el piano con la nariz (...) puedo ser impúdica abstracción, raíz conceptual, ramo de olivo».

Guache ha tenido un cómplice en el ilustrador del libro, el pintor vallisoletano Luis Cruz Hernández, que ya había colaborado con él en 'Odiseo'. El ilustrador ha creado un personaje, el poeta, que ofrece desde la portada del libro, su cabeza al lector. Dibujos algo inquietantes de quien conoce y comparte la mirada irónica del autor de 'Media hora de bondad'.

Ángel Guache carece de complejos. Y eso le ha permitido explorar múltiples caminos sin atender a cuestiones de coherencia, sin atenerse a un estilo. «No puedo hacerlo de otra manera. Necesito en cada momento hacer lo que me pide el cuerpo -explica- y unas veces pueden ser sonetos eróticos (como los 'Veinte erosonetos y una declaración desesperada') o unas soleares».

Otras veces necesita escribir sus memorias, sus 'memorias mínimas' y le sale algo como 'Me muerden los relojes', que califica como su libro más clásico.

Vacío y silencio

Pero Ángel Guache es, además, pintor. La pintura y la poesía le nacieron al mismo tiempo. Y así lo hizo saber en su primer libro, 'Apariciones', título también de una exposición que se celebró en 1979. Pero ya a partir de entonces los caminos del pintor y del poeta se separan. Aparte de algunos trabajos que realiza en torno a la poesía visual.

Si un espectador no avisado contemplara sus cuadros y leyera uno de sus últimos libros se sorprendería al saber que salen de la misma cabeza, de la misma inspiración. Si hubieran seguido unidas su pintura y su poesía, ahora sería un poeta del silencio, y no puede estar más alejado de esa tendencia. Pero silencio, vacío, geometría y minimalismo es lo que hay en sus cuadros, que han llegado a exponerse en el Museo Reina Sofía. Palabra electrizada, lo que hay en sus libros.

El último se cierra con una 'explosión del yo'. 'Befa y retahíla de la tragicómica y espectacular vida secreta de Ángel Guache' es un poema en el que su nombre se repite 69 veces en un alucinado autorretrato.

«Yo tengo algo así como un grupo de apoyo, gente que me sigue, pero también gente a la que no gusto, como se suele decir, que 'va a por mí'. O eso me dijeron una vez. De ahí salió este poema que mezcla por igual alabanzas e insultos».

Los poemas de 'antimundo' surgieron hace tres años y permanecían inéditos hasta ahora. Entre medias surgieron otros proyectos. Ángel Guache anda de nuevo enredado en la música. Prepara un audiolibro con el cantante Wes, y tiene un alfabeto ilustrado esperando el momento de ver la luz.
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