-¿A qué se dedica ahora?
-Mi vida estos dos años ha sido muy tranquila, sin ningún proyecto laboral todavía. He pasado muchísimo tiempo con mi familia y cuidándome, andando en bicicleta. He vivido la vida que no pude disfrutar cuando era ciclista.
-Como si todo se debiera a una retirada anticipada del ciclismo.
-Eso es. He hecho una vida familiar, social... lo que antes no podía. Y he seguido con la bici, sencillamente, porque me gusta. Me sigue gustando.
-¿Se mantiene en forma por la esperanza de volver a ser ciclista?
-No. Lo he hecho porque disfruto con este deporte. Tenía la intención de volver a competir, pero los equipos a los que me gustaría ir (UCI Pro Tour) no quieren a corredores como yo. Eso me pasa a mí y a tantos otros. Me hubiera gustado despedirme a pedales, pero cada vez veo más difícil mi regreso.
-¿Sigue el ciclismo a través de la televisión?
-Sí, claro. Me gustó mucho el Tour de Landis. Y también el Giro de este año, que ha sido estupendo.
-Creció en Béjar, tierra extrema, frío o calor. Y ahora pedalea por Barcelona, ciudad templada pero cosida por el tráfico.
-Me gusta Barcelona. Desde hace tiempo sé que mi futuro está aquí. No soy ambicioso económicamente. Ni me veo continuamente de viaje. Mi día a día será tranquilo, familiar. A mí me ha dado mucho el ciclismo, pero más me ha dado mi familia. Soy un tipo muy sencillo, algo introvertido, amigo de mis amigos.
-¿Qué tal se ve como ciclista urbano?
-Bien. Todo lo que puedo hacer en bicicleta, lo hago. Barcelona es un buen sitio para andar en bicicleta. También salgo mucho con la mountain bike. También tengo la montaña cerca de casa. Vivir en Barcelona es muy agradable.
-¿Se maneja en catalán?
-Sí. Lo entiendo todo y lo hablo bastante.
-En Béjar era un ídolo. ¿Y en Barcelona?
-Me reconoce mucha gente. En Barcelona no hay mucha afición al ciclismo, pero sí a la bicicleta. Aquí se mueven al día 50.000 personas en bici.







