
El debate fue un poco más allá en el análisis de la violencia escolar y planteó también el problema de los niños marginados o no deseados por sus compañeros, los niños rechazados o excluidos de su grupo iguales.
Fuensanta Cerezo destacó que muchas de las conductas problemáticas que se detectan en el aula obedecen a unas malas relaciones de grupo, y que estos comportamientos se deben entender como «una llamada de auxilio». «Es importante sentirse miembro de un grupo de iguales, porque te ayuda no sólo a aprender, sino también a crecer como persona y contribuye, de una manera casi decisiva, a formar nuestra personalidad», añadió. El niño que es sistemáticamente excluido de las actividades de la clase, de la conversación, de los juegos... puede reaccionar bien intentando compensar ese rechazo tratando de ganarse a sus compañeros, o se convierte en agresor o se aísla completamente.
En este contexto, Fuensanta Cerezo situó el problema del 'bullying', que definió como un maltrato intencionado y persistente hacia un alumno o grupo de alumnos sin que haya ninguna provocación. Y aunque pueda resultar sorprendente, «los agresores suelen tener apoyos, suelen ser sociales, cuando no populares, mientras que la víctima está indefensa». Los agresores suelen actuar «por deseo de poder y dominación, por intimidar o por diversión, por un deseo malsano de humillar». Entre los agresores predominan los chicos, y entre las víctimas las chicas.
Recordó el último informe del Defensor del Pueblo, que ponía de manifiesto que el 22% de los escolares de Secundaria sufre exclusiones y amenazas, frente a un 14% que sufre agresiones físicas. La mayoría, el 56%, eran agresiones verbales.
Asimismo, Fuensanta Cerezo señaló que los últimos estudios que ha realizado ponen de manifiesto otro dato interesante: los alumnos inmigrantes son, cada vez más, víctimas de las agresiones, y que la principal forma de agresión que sufren es el rechazo y la exclusión.
Ignorados y rechazados
Muñoz Tinoco destacó que sentirse parte de un grupo «es una de las necesidades básicas de la persona, una necesidad previa a otras como la amistad», y ser excluido mina la capacidad futura de hacer amigos y relacionarse con los demás. Diferenció entre la ausencia de aceptación (el grupo no cuenta contigo porque eres ignorado) y el rechazo (el grupo manifiesta expresamente que no quiere contar contigo).
Esta segunda es la que tiene consecuencias más negativas y perdurables en la personalidad de la víctima, que puede manifestarse en fobias sociales, agresividad, depresiones... «A la mayoría no les marcará para el resto de su vida, pero a un porcentaje de las víctimas sí», y acabarán creyendo «que nadie les quiere, que el mundo es malo, que todos quieren hacerle daño».
El rechazo merma la confianza en uno mismo y potencia elementos negativos como la hostilidad, el resentimiento y la frustración, aumentan los problemas de conducta y pueden acabar convirtiéndose ellos mismos en agresores, aunque lo más frecuente es que respondan con el aislamiento, pero con sentimientos hostiles hacia los demás». De ahí la importancia de la educación en valores como instrumento de prevención de estas conductas en el aula.
La buena noticia, dijo, es que la mayoría de los escolares (70%) tienen relaciones de grupo normales, y solamente entre un 10% y un 15% son rechazados. El resto son ignorados (ni aceptados ni rechazados) o pertenecen al club de 'los preferidos' por sus compañeros.















