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Segovia

SEGOVIA
Las palomas adquieren el nivel de plaga al multiplicar por cinco una cifra razonable
En Segovia habitan entre 12.000 y 16.000, número que la empresa contratada por el Ayuntamiento espera reducir a tres mil en dos años El volumen de viviendas deshabitadas y la pasiva actitud de los segovianos contribuyen a agrandar el problema, según Dokesim

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Las palomas adquieren el nivel de plaga al multiplicar por cinco una cifra razonable
Deterioro de monumentos, derrumbes en la muralla, suciedad, malos olores, ruidos y trasmisión de parásitos a los humanos. Estas son algunas de las consecuencias, en ocasiones muy gravosas, que generan las palomas urbanas que habitan a miles en Segovia causando una sensación cada vez más creciente de impotencia en una ciudadanía cuyos extremos opuestos de debaten entre el tiroteo ilegal de las aves con escopetas de perdigones y quienes las alimentan, contraviniendo las ordenanzas municipales.

En la ciudad habitan entre 12.000 y 16.000 palomas, cifra que multiplica unas cinco veces la que se considera razonable, de 2.000 a 3.000, según la empresa Dokesim que lleva diez meses combatiendo a las aves por encargo del Ayuntamiento y confía en eliminar más de diez mil en el plazo de dos años y medio. De marzo a julio han capturado 2.237.

«El problema de Segovia es la gran cantidad de viviendas que están abandonadas y que se convierten en auténticos palomares», explica Antonio Pérez, del departamento técnico de Dokesim. Pero no es el único, ya que, según afirma, la actitud de los segovianos no es muy correcta. Y no sólo la de quienes dan de comer a estas aves, en contra de la prohibición expresa de las ordenanzas municipales de alimentar animales salvajes o tirar basura a la vía pública, práctica que llevan a cabo sobre todo personas mayores que en encuentran en ello una forma de entretenimiento, sino también la de quienes sufriendo el problema no hacen nada para evitarlo a la espera de que sea el Consistorio quien lo resuelva.

En este sentido, Pérez apunta a la responsabilidad personal de los afectados y la de las comunidades de vecinos. «Son muchos los que se quejan, pero nadie hace nada, porque en ocasiones habría que exigir medidas a la comunidad, pero nadie se atreve a enfrentarse a sus vecinos», afirma el técnico de Dokesim, quien añade que ante un problema de salud pública como este habría que denunciar a los propietarios de las viviendas abandonadas que se han sido colonizadas por estas aves.

Lo que está claro es que las palomas se han acomodado en la ciudad donde encuentran numerosas casas deshabitadas, campanarios, patios interiores y oquedades, como las de la muralla, donde guarecerse y criar, lo que pueden llegar a hacer hasta cinco veces al año con una media de dos huevos por puesta, lo que suma hasta diez pichones anuales por hembra. El alimento no es problema. En primavera-verano tienen todo el que quieran en las tierras de labor de los alrededores de la ciudad. Y en invierno siempre pueden recurrir a los desperdicios de los segovianos.

PELIGRO PARA LA SALUD

EN SAN MILLÁN

Infección de ácaros

Los riesgos de estos animales para la salud y el bienestar de las personas, como posibles transmisoras de enfermedades, vienen siendo objeto de no pocos comentarios ciudadanos, aunque para algunos esta circunstancia es ya una penosa y mortificante realidad.

Un matrimonio mayor que reside en la calle Los Coches, del barrio de San Millán, se ha convertido en la primera víctima conocida de las nada higiénicas aves, que en el mes de julio provocaron una invasión de ácaros en su domicilio, a través del patio interior del bloque en que residen. Estos espacios son muy atractivos para las palomas pues encuentran en ellos resguardo, oquedades para en anidamiento y calor, el que discurre por conducciones de calefacción o agua caliente, tiros y chimeneas.

En uno contiguo al de los afectados, el del edificio de los antiguos sindicatos, sede de CC. OO., UGT, CGT y la Federación Empresarial Segoviana (Fes), el problema de las palomas ha originado que la patronal haya dirigido una carta al Ayuntamiento en demanda de urgentes soluciones en la zona de San Millán, una de las más castigadas por la plaga.

Casi todos los segovianos podría aportar uno o varios testimonios sobre la plaga de palomas y su negativa incidencia en su entorno o en la ciudad. Pero nadie mejor que el matrimonio formado por el conocido fotógrafo Félix París y su esposa Amelia Arribas, ambos de 76 años.

Viven en la cuarta planta del edificio número 3 de la calle Los Coches y, hasta este verano, muy a gusto. A finales de junio empezaron a notar unos picores en el cuerpo que, lejos de remitir, se hicieron cada vez más intensos.

Así hasta que el 8 de julio decidieron acudir al servicio de Urgencias del Hospital General donde les apreciaron una erupción cutánea que se localizaba en el tronco y los brazos. En los datos complementarios del parte médico de Amelia se lee: «Tienen las ventanas colonizadas por palomas. Refiere haber visto pequeños bichos en el antebrazo».

Les dan cita para el día siguiente en el servicio de Dermatología donde les indican que los síntomas son compatibles con la escabiosis -sarna- y les ponen a tratamiento, que en el caso de Félix ha hecho su efecto, pero no en el de Amelia, que sigue acudiendo el servicio de Alergología.

Sus gestiones ante el Ayuntamiento, dieron como fruto la visita a su domicilio de los técnicos de Dokesim, que elaboraron un informe con las posibles medidas de protección a adoptar por el matrimonio París o la comunidad de vecinos, eso sí, por su cuenta y a su costa. Geles repelentes, mallas mosquiteras, sellado de huecos, eliminación de tendederos y utilización de secadoras, perchados de varillas y protección de canalones, figuraban en la combinación de soluciones que Mayte París, hija de los afectados, tiene claro que no corresponde a sus padres costear. «Entiendo que habría que hacerlo si hubiesen generado el problema, pero no es el caso, son solo víctimas de una situación que se le ha escapado de las manos a la ciudad», afirma.

El técnico de Dokesim no ve así las cosas y asegura que no funcionan de esta forma en otras ciudades. «Si yo tengo una plaga primero la resuelvo y luego reclamo. Si fuera de ratas seguro que habían puesto remedio por su cuenta; pues esto es lo mismo», añade.

'GUERRA' ILEGAL

EN EL RECINTO AMURALLADO

A perdigonazos

Frente a los segovianos 'pasivos', están los que adoptan soluciones impulsivas e incorrectas, que les pueden acarrearles problemas con la Ley. Es el caso de quienes han decidido acabar con las palomas a perdigonazos.

C. A.G., cuya identidad no quiere revelar por razones obvias, vive en una vivienda del recinto amurallado en cuyo patio juegan habitualmente sus tres hijos pequeños. Tomó la decisión de emprender una «guerra de guerrillas» contra las aves cuando encontró dos garrapatas en el cuerpo de uno de los hijos, una en la tripa y otra en el cuello.

«No me lo pensé dos veces. Dije 'hasta aquí hemos llegado' y me compré una carabina». Desde entonces -de esto hace más de un año-- cree haber acertado en más de un centenar de ocasiones, aunque las más de las veces no ha podido cerciorarse de si las aves caían o lo harían más adelante y en otro lugar. «Han sido muchas las que han soltado plumas pero a mi patio sólo han caído tres muertas, que he tirado a la basura», explica este ciudadano, que sabe que su 'técnica' no está amparada por la Ley, pero que conoce a otros segovianos que también la practican.

LA CAPTURA

COMISARÍA, CATEDRAL Y MUSEO

Jaulas trampa

Segovia no cuenta con muchos edificios altos cuyas cubiertas dispongan de amplias terrazas y ello ha dificultado la colocación de las jaulas de cuatro metros que Dokesim emplea para la captura de las palomas, a las entran atraídas por el agua y la comida que se deposita en ellas, pero de las que no pueden salir.

La empresa ha instalado tres en la ciudad, en la Catedral, el Museo de Segovia de la Casa del Sol y la Comisaría de Policía, que sus operarios visitan cada semana, logrando atrapar más de cien en alguna de ellas en siete días.

En seis meses, de febrero a julio han capturado 2.237, cifra que esperan incrementar este otoño y el próximo invierno dado que las aves tendrán menos alimento en las tierras de labor de la periferia y se sentirán más atraídas por el depositado en las jaulas.

Los veteranos cazadores segovianos creer conocer la naturaleza del problema: la supresión de los terrenos libres de caza, decidida por la Junta de Castilla y León en 1996, inhabilitó para la práctica de este deporte a los alrededores de la ciudad, donde antes se abatían centenares de palomas urbanas.

La tentativa de algunos aficionados de recuperar para la caza zonas seguras próximas al Pinarillo o Las Lastras, bien vista en principio por el Ayuntamiento, se ha topado con la dificultad de que la Ley de Caza no contempla excepciones y que la iniciativa exige la creación de un coto de caza, para lo que es necesario llegar a acuerdos económicos con los propietarios de los terrenos. Los cazadores estiman que debería ser el Consistorio el que asuma las gestiones y parte de los gastos.
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