
«La película es interpretada en cada sitio de manera distinta. Es una película, no un instrumento de propaganda a favor ni en contra de nada. Y siempre que haces una película hay gente que no la va a entender como tú tenías pensado. Es el caso del Vaticano», declaró hoy el cineasta rumano.
Pese a las críticas del Vaticano, «si soy un buen cineasta, la gente va a entender la película», considera Mungiu (Lasi, 1968). «Yo no la veo como una película sobre el aborto. Entiendo que trata sobre ello, pero también tiene que ver con el periodo histórico, y con la solidaridad, con la libertad, la amistad, el tener que tomar decisiones y crecer», recalcó.
Por ello, «es un trozo de vida llevado a la pantalla de la forma más realista posible», dijo este ex periodista, que debutó con 'Occident' en el 2002, y que «nunca» arranca un filme «pensando en un tema o un mensaje».
Implicación del público
«Intento transmitir una historia que conozco bien, basada en hechos reales, pero no quiero llegar a conclusiones, no quiero transmitir lo que yo sé. Espero que el público saque por sí mismo una conclusión de lo que ve, y eso tiene que ver con las referencias de cada uno», agregó.
Sobre cómo ha cambiado su vida tras Cannes, comentó con humor que de mayo para acá ha recibido desde propuestas para optar a ser miembro del Parlamento Europeo hasta ofertas de Porsche para conducir sus automóviles. «La fama del premio afecta con lo bueno y lo malo. Lo bueno es que la película va a estrenarse en 60 países y mucha gente de culturas distintas va a verla. Lo menos bueno, quizás, es que hay una presión sobre mi siguiente proyecto» y que «paso un montón de tiempo en aviones y haciendo entrevistas. Pero no me quejo».





