El testamento artístico de Pablo Picasso (1981-1973), una recapitulación de su vida, pasiones y visión del mundo, resume la Suite 156, una serie de estampas que el artista grabó a los noventa años de edad, poco antes de morir, y que desde hoy pueden contemplarse en la ciudad de Valladolid.
La serie, una de las tres únicas completas existentes en el mundo junto a la del Museo Picasso de París y otra en manos privadas, consta de 156 grabados en cobre a partir de dibujos realizados entre 1970 y 1972, y adquiridos por la entidad financiera Bancaja en 2002 a una galería de arte de la capital francesa.
"Es como un libro donde cada estampa es una página que hay que leer de forma muy detenida, con mucha paciencia, para poder interpretar los mensajes que contienen", explicó hoy Juan Carrete durante la presentación de la exposición, promovida por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid.
Algunas de las principales devociones de Picasso como fueron el circo, el sexo o la historia del arte, reflejan cada una de las estampas, dotadas en su mayoría de un inmenso y explícito contenido erótico con el que Picasso "no pretende reivindicar ni criticar nada, sino simplemente exponer su vida", precisó el comisario.
"Es un compendio de su vida donde un anciano Picasso , como cualquier persona de su edad, adopta en ese momento una mirada retrospectiva", apuntó Carrete antes de recurrir a la metáfora de la plancha de cobre donde grabó sus dibujos como "un espejo donde él mismo se viera reflejado".
Prostíbulos, burdeles, casas de lenocinio y de holganza predominan en unas estampas donde con frecuencia aparece el pintor y su modelo, caballeros mirones y ninfas orondas mostrando impúdicas su sexo con algún elemento que de forma simbólica evoca algunas de los principales apegos o inclinaciones del autor del Guernica.
"En el momento de realizar esos dibujos, Picasso ya era consciente de que había entrado en la historia del arte, aplica su memoria selectiva y dedica alguna de las láminas a los creadores que más admiró, entre ellos a Rembrandt y Degas", abundó el comisario.
En 43 de los grabados expuestos en Valladolid, hasta el 27 de mayo, aparece el impresionista francés Edgar Degas, a quien el pintor malagueño profesó una profunda admiración, hasta el punto de adquirir varios prototipos o cuadros eróticos que sus herederos quisieron destruir como hicieron con otros tantos de ese corte.
La primera lámina de la Suite 156 es un retrato de Piero Crommelynck, uno de los dos estampadores de Picasso , cuyos respectivos talleres se encontraban muy cerca, en la ciudad francesa de Mougins, pese a lo cual las tiradas de edición se seguían realizando en París.
La particular visión del mundo que tenía el artista, sus fantasías y ocurrencias pueblan unos grabados donde se puede apreciar aún el pulso y trazo firme del pintor, escultor y grabador, quien se dedicó a esta última variante "tal vez porque permitía una mayor difusión de dibujos a través de las tiradas", apuntó Carrete.
"Es una de las mejores exposiciones de este año en Valladolid porque permite ver el último gran trabajo de un autor genial", dijo por su parte Angelines Porres, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid.
La entidad financiera Bancaja ya trajo hasta la capital vallisoletana, el año pasado, una selección de piezas para mostrar la faceta ilustradora de Pablo Picasso (1881-1973).